sábado, 23 de abril de 2011

DIA DEL LIBRO


No soy de muchas celebraciones, no me gustan ni las Navidades, ni la mayoria de las fiestas que significan algo para los demás, pero le doy importancia al Día del Libro, que siempre celebro a mi
manera.

Todos los años me compro un libro, y procuro también comenzar este día la lectura de una obra que me apetezca especialmente o que tenga un significado personal de algún tipo.

Hoy, he inaugurado el día con el comienzo de "La montaña mágica", de Thomas Mann, lectura largamente deseada, y que además tiene el aliciente adicional de que va a ser felizmente compartida. Firma de ejemplar, anotación de la fecha de inicio de la lecura y alimento espiritual tanto como el café y las tostadas son alimento para el cuerpo. Los primeros capítulos ya me han dicho que va a ser una satisfactoria subida a la cumbre.




Ya por la tarde, la adquisición ha sido "Leonora" de Elena Poniatowska, la biografía de Leonora Carrington,una pintora surrealista no demasiado conocida, y que me apetece mucho.

Qué buenos momentos me esperan...

lunes, 18 de abril de 2011

RETRATO DE ITXASO

Óleo sore lienzo, 30x24 cm.

He mandado este retrato a la convocatoria mensual de un blog en el que participo por primera vez: "Una idea, mucho arte". El fondo amarillo con flores es una exigencia de dicho blog, es un homenaje a "Los miserables" de Paul Gaugin.
Ya había trabajado sobre esta misma imagen, pero había sido con lápices de colores. Es la primera obra que realizo al óleo después de haber retomado esta técnica, y he disfrutado de lo lindo.

lunes, 4 de abril de 2011

"LIBRO DEL DESASOSIEGO (2)" Fernando Pessoa


El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar. "