jueves, 24 de marzo de 2011

HISTORIA DE LAS SILLAS. Silvio Rodríguez



HISTORIA DE LAS SILLAS

En el borde del camino hay una silla
La rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida
El amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos de gastados son espejos
Que le queman la garganta con el sol
Y a través de su cansancio pasa un viejo
Que le seca con la sombra el sudor.

En la punta del amor viaja el amigo
En la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
Que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante
Es por eso que es madera y es metal
Es por eso que lo mismo siembra rosas
Que razones de bandera y arsenal.

El que tenga una canción tendrá tormenta
El que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
Peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
Y la compañía vale soledad
Siempre vale la agonía de la prisa

aunque se llene de sillas la verdad

martes, 22 de marzo de 2011

REGRESO AL ÓLEO

Hace un tiempo decidí que iba a bandonar la técnica del óleo. Me falta un buen espacio para pintar, tengo que hacerlo en la cocina, y es un lío. En una época anterior vivía en un piso mucho más modesto que el actual, pero que tenía una cocina inmensa con dos ventanas frente a una de las cuales instalé yo mi rincón, con un caballete y una mesita para los útiles de pintura. Mi vivienda de ahora es bastante más grande pero no así la cocina, y tampoco puedo instalarme en otro lugar de la casa. Además el óleo es una técnica muy sucia, y yo soy incapaz de pintar pulcramente, acabo llena de colores, desde las manos hasta la nariz, y tener que andar montando y desmontando los materiales para cada sesión le restaba parte del placer. Así que decidi dejar los pinceles y dedicarme a los lápices.

He estado unos años sin pintar en lienzo, y he disfrutado con el dibujo, pero la verdad es que la pintura tiene un grado de apasionamiento que tengo que reconocer que no siento con otras técnicas.

Hace unas semanas mirando escaparates durante un paseo vi en una tienda de material de bellas artes un caballete chiquitito con un lienzo y sentí un encaprichamiento inmediato. Pensé que el caballete de sobremesa y pintar en un formato reducido me facilitaría la tarea y sería menos engorroso que tamaños más grandes. No me lo pensé y me lo traje a casa junto con unos cuantos pinceles y una caja de colores al óleo. No pensaba poder aprovechar nada de mi material anterior, pero desenterré del olvido mi antiguo maletin, mis pinturas y mis pinceles y resulta que están en mejor estado del que creia y puedo utilizarlo todo de nuevo.

Ya he empezado a pintar. Me sentí embriagada de nuevo por el olor a la esencia de trementina y la pintura. Otra vez pierdo la noción del tiempo y todo desaparece a mi alrededor. Cierro la puerta de la cocina, me pongo música, y me voy lejos.

domingo, 13 de marzo de 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

"LA SEÑORITA SMILA Y SU ESPECIAL PERCEPCIÓN DE LA NIEVE", Peter Høeg

"Para mí, la soledad es como para otros la bendición de la Iglesia. Es como la gracia de Dios iluminándome. Nunca cierro la puerta detrás de mí sin tener clara conciencia de estar realizando un acto de caridad conmigo misma".

"Entonces me siento en el sofá. Primero me llegan imágenes del dia transcurrido. Dejo que desaparezcan. Y entonces me vienen recuerdos de cuando era pequeñita, ora ligeramente depresivos, ora dulcemente eufóricos. Dejo que estos tambien desaparezcan tras los otros. Entonces viene la calma. En medio de ésta, pongo un disco. Entonces me pongo a llorar. No es por nada, ni por nadie, por lo que lloro. La vida que llevo, de alguna manera, me la he buscado yo y no la deseo distinta. Lloro porque en el universo hay algo tan bello como Kremer interpretando el concierto para violín de Brahms."

"Siempre me ha gustado limpiar (...) El orden impera en todos y cada uno de los camarotes. Aquellos que, como yo misma, se las arreglaron para sobrevivir a los internados de mi vida, eran también quienes entendieron que si únicamente dispones de unos cuantos metros cuadrados para tí mismo y tus sentimientos más profundos, entonces, en esta mínima estancia privada, deberá reinar el orden más estricto, para así poder resistir a la presión externa que te incita a la renuncia, al abandono, la descomposición y la destrucción."

miércoles, 2 de marzo de 2011

HISTORIAS DE MIS LIBROS (2) "ILONA", de Hans Habe


Muchas veces me he preguntado cual de entre todos mis libros puedo considerar el libro de mi vida, ese especial entre los especiales, el que salvaría en caso de catástrofe. Hay más de uno, claro, son muchos años lectores y muchos momentos vitales buscando y esperando títulos largamente deseados como para que la selección se reduzca a uno sólo, muchos personajes que me acompañan tanto como el recuerdo de personas reales...

Pero hay uno que sí que puedo considerar el más especial, tanto por las circunstancias en las que me hice con él como por todo lo que después ha traído a mi vida: Ilona, de Hans Habe. Si, tal como parece, de ahí viene mi nombre en la red, se lo tomé prestado a mi amiga húngara, protagonista de la historia.

Descubrí el libro un verano que pasé en Cádiz, en casa de mis tíos. Un verano de mis 18 años que estuvo lleno de baños en el océano por la mañana y lectura por la tarde. No conocía ni al autor ni la obra me sonaba de nada, pero lo elegí de entre el puñado de títulos que habia a mi disposición en la biblioteca de mis tíos. En seguida me sedujo la historia, sobre todo por el contexto histórico, la Europa de finales del XIX y primera mitad del siglo XX, o sea, con las dos contiendas mundiales y la época de entreguerras. E Ilona, su hija Zita y su nieta Eva como hilos conductores y testigos y protagonistas de ese tiempo.

Cuando acabaron las vacaciones tuve que abandonar el libro, con gran pesar, ya que no era mío aunque sí que me dio tiempo a leerlo entero. De vuelta a casa, intenté buscar informacion sobre el autor y su obra, sin ningún resultado (no había internet como ahora) Imposible hacerse con otro ejemplar.

Hasta que mis tíos decidieron hacernos una visita, algo no muy frecuente porque nos separan muchos kilómetros. Me atreví a pedirle a mi tío que me trajera el libro y me lo regalara. Él no era lector habitual y sabía que no le importaría desprenderse de él. Así volvimos a reunirnos, ya para no separarnos jamás.


Nunca conocí a nadie que me diera datos sobre Hans Habe y su obra, nunca me encontré con otro ejemplar de Ilona, y así transcurrieron 20 años e internet llegó a mi vida. Entonces el libro me proporcionó un encuentro fundamental en mi vida, en un foro literario entré a buscar información sobre él y allí conocí a un experto en literatura húngara que con el tiempo se convirtió en mi mejor amigo. Gracias a él  me enteré de que Hans Habe era un autor húngaro llamado en realidad Janos Bekessy y supe del resto de su obra. Se pueden encontrar cientos de ejemplares de sus libros en redes de libreros de viejo como Uniliber o Iberlibro, y yo en estos años me he hecho con bastantes. Pero Ilona sigue siendo la preferida por todo lo que me ha dado.

Mi ejemplar está muy usado, bastante deteriorado, y siempre digo que tengo que comprar otro que tenga mejor estado de conservación, pero de momento, es el único que tengo.


Gracias Ilona, por haberme dado tantas cosas a lo largo de tantos años.