Estos días extraños he recuperado el ritmo lector que era habitual en mí hace unos años. Es ese uno de los aspectos positivos del confinamiento, que en mi caso no ha sido el único. Me ha venido bien este paréntesis, unas verdaderas vacaciones mentales y espirituales que me hacían mucha falta.
Dejo aquí constancia de mis lecturas. De Pureza , leída también recientemente, ya hablé en esta entrada. Una que me ha gustado mucho porque era apostar sobre seguro ha sido "Ave del Paraíso", de Joyce Carol Oates, autora que me encanta. Esta novela no ha sido una excepción, aunque me ha ratificado en una impresión que he tenido en cada obra que he leído de ella y que ya después de cinco libros puedo constatar que se trata de un pequeño defecto, al menos para mí. Creo que se esfuerza por dejar demasiado cerrada la historia de sus novelas, sus finales muestran un esfuerzo para no dejar cabos sueltos que para mí le quita naturalidad a sus finales, los hace un poco forzados. Es, no obstante, un pequeño hándicap que no desmerece para nada la calidad de sus historias y lo sólido de los personajes.
Una lectura decepcionante ha sido "El mundo visto desde el cielo", de Angeles Caso, aunque la verdad es que no esperaba mucho de ella.
El siguiente "La literatura nazi en América" de Roberto Bolaño es un libro inclasificable, podría pensarse que se trata de un ensayo pero en realidad es una obra de ficción en la que enumera y clasifica a una serie de escritores latinoamericanos de carácter filonazi de biografías absurdas que resulta cuanto menos ingeniosa, irreverente y sumamente original.
"La balada del Norte", de Alfonso Zapico, una muy buena crónica sobre la revolución de 1934 iniciada en las cuencas mineras de Asturias.
De Miguelanxo Prado, otro de mis autores de cómic favoritos, "Presas fáciles" , historia policíaca de unos crímenes que tienen mucho que ver con la crisis financiera que sufrimos a partir de 2008.
"Las Meninas", de Santiago García y Javier Olivares me ha gustado bastante como biografía de Velazquez y retrato de su época y de la gestación de su magnífica obra.
También ha habido momentos para la música. La muerte de Luis Eduardo Aute me ha hecho volver a sus canciones, que hacía mucho que no escuchaba. Suyo fue el primer cassette que me compré con mi primer sueldo, a los 19 años, y que aún conservo. Admiraba mucho a Aute, como persona, músico y pintor, faceta más desconocida pero muy destacable de un hombre que era un artista integral.
Mucha y gratificante compañía para llenar las horas en casa. Hay otro libro importante que he leído pero ese merece una entrada aparte.






























