jueves, 20 de octubre de 2016

CAMILE CLAUDEL




Ayer fue el aniversario de la muerte de la escultora  Camile Claudel en el psiquiátrico de Minrdevergues, Avignon, Francia en 1943.. Amante y discípula de Auguste Rodin , hermana del poeta Paul Claudel y tremenda artista por méritos propios, su historia conmueve y sobrecoge. En mi biblioteca, la obra de Anne Delbeé sobre su vida.


Detalle de su obra "El vals"





lunes, 10 de octubre de 2016

"MUERE LENTAMENTE", Martha Medeiros







Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música
quien no encuentra gracia en sí mismo
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.
Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino de
emociones,
justamente éstas que regresanel brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando está infeliz con
su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
atrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos......
¡ Vive hoy !
¡ Arriesga hoy !
¡Hazlo hoy !
¡ No te dejes morir lentamente !
¡ No te impidas ser feliz !

Martha Medeiros

miércoles, 28 de septiembre de 2016

MIKEL LABOA "TXORIA TXORI"

Tomando un café el sábado pasado en mi ciudad, en el puerto,  un grupo de personas que estaban a pocos metros de nosotros, se pusieron a cantar. Era un grupo mixto que indudablemente se dedicaban a ello, si no profesionalmente, al menos de manera seria. Amenizaron la tarde de los transeúntes y las personas que estábamos por allí, con el regalo de una música incomparable y perfectamente interpretada. Una de las canciones que pudimos disfrutar fue la bella "Txoria txori" de Mikel Laboa. Y desde ese día, tengo la melodía metida en la cabeza, y no me abandona.

Ésta canción me hizo recordar otro momento bello de mi vida, en la época de mi noviazgo, una tarde de sábado en la que mi hoy marido y yo, en un paseo por las calles de Portugalete, escenario de nuestros primeros tiempos de relación, nos encontramos con un concierto popular  de Mikel Laboa. Fue en un parque, accesible a todo el que quisiera acercarse allí, y fue una maravilla. Allí también sonó esta canción, que desde entonces ha sido especial para mi







Txoria txori

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik...
txoria nuen maite
eta nik...
txoria nuen maite.
Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik...
txoria nuen maite
eta nik...
txoria nuen maite.
lara lala.



Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.

Pero así,
No hubiera vuelto a ser nunca más un pájaro.

Y yo...
yo lo que amaba era que fuera pájaro.

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.

Pero así,
No hubiera vuelto a ser nunca mas un pájaro.

Y yo...
yo lo que amaba era que fuera pájaro

martes, 30 de agosto de 2016

"CORAZÓN TAN BLANCO", Javier Marías


Si no quieres leer realmente este libro, mejor no lo empieces. Marías sabe captar el interés desde el primer párrafo y hace que a lo largo de toda la historia siempre quieras saber más. Tengo que reconocer que a ratos la lectura se me hizo pesada, sobre todo pasado el primer capítulo, que es realmente ingenioso,  pero el interés suscitado por esta primerísima parte consiguió que se me hiciera imposible soltarlo, a pesar de las disgregaciones y reflexiones que sobrevuelan la trama, que en algunas ocasiones defraudan las expectativas. Es un libro que no tiene prisa.

El tema principal que se aborda es la verdad, la necesidad de conocerla, el peligro de conocerla. Lo irremediable de saber, el precio pagado por determinades verdades. La imposibilidad de retroceder para dejar de saber lo que se sabe.

Marías demuestra como siempre su dominio absoluto del arte narrativo y su estilo exquisito. Realmente he disfrutado mucho con la historia, como siempre que leo a este  autor.

Y... no preguntes, no cuentes, no busques, no sea que te enteres de algo que hubieras preferido no saber.



lunes, 29 de agosto de 2016

"ESCULTURA HIPERREALISTA 1973-2016", Museo de Bellas Artes de Bilbao

El Museo de Bellas Artes de Bilbao reúne estos días una selección de escultura hiperrealista realizada por diferentes artistas representativos de este movimiento. Son 34 los autores cuyas obras se recogen en diferentes secciones: Réplicas Humanas, Esculturas Monocromas, Partes del cuerpo, realidades deformadas, etc. 

Mi pareja y yo acudimos este fin de semana que en Bilbao se celebra su fantástica Aste Nagusia, como una actividad más en nuestra jornada de disfrute de las fiestas de Bilbao.

La exposición es alucinante, la primera impresión al entrar en la sala BBK en la que están colocadas las obras, es una sensación extraña de no poder distinguir a los visitantes con las obras de arte. En ese primer sector, las esculturas están vestidas y por eso la sensación de confundir la ficción con la realidad. Cuando se adentra uno en ese espacio, ya la variedad de las obras es más manifiesta, muchas colocadas sobre pedestales, algunas a una escala diferente de la humana, y ya esa sensación de confusión desaparece. No obstante, la impresión de que las esculturas están animadas y vivas, es  algo que sobrecoge y deja sin respiración. La observación detallada de la piel, la transparencia, el vello corporal, las manchas, las venas... la imitación perfecta de un ser humano parece imposible, pero ciertamente estos artistas lo consiguen. 

Os dejo imágenes de alguna de las obras, como siempre verlas in situ es incomparablemente mejor.





































martes, 23 de agosto de 2016

LA ULTIMA NOCHE DEL MUNDO, Ray Bradbury




[Cuento - Texto completo.]


¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?
-¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?
-Sí, en serio.
-No sé. No lo he pensado.
El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café tostado.
-Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.
-¡No lo dirás en serio!
El hombre asintió.
-¿Una guerra?
El hombre sacudió la cabeza.
-¿No la bomba atómica, o la bomba de hidrógeno?
-No.
-¿Una guerra bacteriológica?
-Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Solo, digamos, un libro que se cierra.
-Me parece que no entiendo.
-No. Y yo tampoco, realmente. Solo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y solo una cierta paz -miró a las niñas y los cabellos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por vez primera hace cuatro noches.
-¿Qué?
-Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: “¿Qué piensas, Stan?”, y él me dijo: “Tuve un sueño anoche”. Antes de que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ese. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.
-¿Era el mismo sueño?
-Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios o que se observaban las manos o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.
-¿Y todos habían soñado?
-Todos. El mismo sueño, exactamente.
-¿Crees que será cierto?
-Sí, nunca estuve más seguro.
-¿Y para cuándo terminará? El mundo, quiero decir.
-Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.
Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos.
-¿Merecemos esto? -preguntó la mujer.
-No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?
-Creo tener una razón.
-¿La que tenían todos en la oficina?
La mujer asintió.
-No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era solo una coincidencia -la mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.
-Todo el mundo lo sabe. No es necesario -el hombre se reclinó en su silla mirándola-. ¿Tienes miedo?
-No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.
-¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?
-No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.
-No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?
-No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.
En el vestíbulo las niñas se reían.
-Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.
-Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.
-¿Sabes?, te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad ni mi trabajo ni nada, excepto ustedes tres. No me faltará nada más. Salvo, quizás, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?
-No se puede hacer otra cosa.
-Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.
-Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.
-Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.
-En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso… como siempre.
El hombre permaneció inmóvil durante un rato y al fin se sirvió otro café.
-¿Por qué crees que será esta noche?
-Porque sí.
-¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace cinco siglos o diez?
-Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
-Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano y que nunca llegarán a tierra.
-Eso también lo explica, en parte.
-Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.
-No sé… -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.
-¿Qué?
-¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?
-¿Lo sabrán también las chicas?
-No, naturalmente que no.
El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media. Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada cada uno a su modo.
-Bueno -dijo el hombre al fin.
Besó a su mujer durante un rato.
-Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer.
-¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.
-Creo que no.
Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche y retiraron las colchas.
-Las sábanas son tan limpias y frescas…
-Estoy cansada.
-Todos estamos cansados.
Se metieron en la cama.
-Un momento -dijo la mujer.
El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.
-Me había olvidado de cerrar los grifos.
Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.
La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.
-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.
-Buenas noches -dijo la mujer.
                                                                     
                                                                               FIN

jueves, 18 de agosto de 2016

MIS MÁQUINAS DE ESCRIBIR

Desde que era estudiante, siempre he tenido en casa una máquina de escribir. Me encantaba utilizarla y escribía muchísimo con ella. La mía era y es una máquina preciosa y muy sólida, la Maritsa11 de fabricación búlgara. Es pequeña y estéticamente muy bonita, tiene maletín y se conserva perfectamente pese al mucho trote que ha llevado. 

Estuve un tiempo sin poder escribir en ella porque la cinta de tinta se secó y como han dejado de fabricarlas pensé que no podría conseguir recambio, pero afortunadamente descubrí que en internet se consiguen fácilmente y ya con su tinta nueva, he podido volver a utilizarla.







Las máquinas de escribir me parecen maravillas mecánicas, mucho más bellas que los ordenadores actuales. Me encanta el sonido de las teclas al escribir, la campanita que suena al final de renglón, el traqueteo del carro... en fin, como con los libros de papel versus e-books, las máquinas de escribir no pueden hacerle sombra a los modernos dispositivos electrónicos.

Pese a eso, no seré yo quien niegue las maravillas del proceso tecnológico, claro está.

Pero animada por la posibilidad de volver a utilizar mi vieja máquina, me puse a buscar otra un poco más vintage aún, para ponerla a punto y además de utilizarla, poderle dar un uso decorativo. Y así es como llegó a casa la preciosa Olivetti Pluma 22. Muy ligera y cómoda de manejar, y en perfectas condiciones, sólo necesita un poco de limpieza para lucir en todo su esplendor. En las fotos está tal como llegó a casa, se puede ver que ha sido bien cuidada. Me encanta su diseño tan austero y funcional.






Estoy encantada con mis máquinas de escribir, soy una nostálgica, está claro.