miércoles, 17 de agosto de 2016

IRLANDA, Espido Freire


Irlanda es la primera novela publicada por Espido Freire, en 1998. Es una novela breve que fue construida a partir de un cuento escrito a los dieciséis años. Es también la primera que leo de esta escritora, este verano parece estar construido de estrenos lectores.

Narrada en primera persona, nos cuenta la historia de Natalia, una adolescente introvertida y solitaria que acaba de perder a su hermana después de una enfermedad degenerativa y es enviada a pasar el verano en compañía de unos primos mucho más mundanos que ella mientras realizan trabajos de rehabilitación en la vieja casa familiar con el ánimo de venderla. Irlanda es el nombre de la prima, que representa todo lo que Natalia no es: hermosa, encantadora, sofisticada, sociable y exitosa. La confrontación entre la inadaptada protagonista y su brillante prima se desarrolla en una atmósfera opresiva donde la hermana fallecida tiene un protagonismo inquietante.

La presencia de Gabriel, el joven amigo que pasa con ellos el verano, será la piedra angular de unos hechos que desembocarán en un final inesperado que es para mí lo mejor del libro.

Me ha gustado bastante esta primera incursión en la obra de Espido Freire. Si bien creo que al libro se le nota que es una obra de juventud, y en algunos pasajes me ha parecido un poco errática e inconsistente, tiene una prosa elegante y poética que está muy en consonancia con el tono y el escenario de la historia. Creo que Espido es una autora bastante vapuleada por la crítica, y siempre me ha despertado mucha curiosidad cierta animadversión que he detectado en algunas publicaciones literarias. Como además somos paisanas y coincidimos en algunas circunstancias vitales, tenía ganas de leerla desde hace tiempo. Pues la lectura ha estado muy bien, y ya hay un par de novelas más esperando, entre ellas la del Premio Planeta "Melocotones helados". Pero será un poco más adelante.


viernes, 12 de agosto de 2016

LA HIJA DEL SEPULTURERO, Joyce Carol Oates




La autora de esta novela, la norteamericana Joyce Carol Oates escribe bien, muy bien. Escritora prolífica y eterna candidata al Nobel, es ésta la primera novela que leo de ella. No será la última. Me ha sorprendido mucho esta historia tan dura y descarnada, y cómo, al igual que hay personas que trabajan mejor bajo presión, el talento de Oates ha  brillado espectaculamente en las escenas de mayor tensión.

La historia nos habla de la familia judía Schwart,  que se ve obligada a abandonar su Alemania natal ante la imparable ascensión del nazismo. Su nueva vida en Estados Unidos les hará desembocar en el abismo social y familiar. El padre sufre una transformación radical que le convierte en un ser violento y brutal, condicionando absolutamente el desarrollo y la posterior vida de su familia, en particular de su hija Rebecca, la protagonista.

En mi opinión en la historia no se explica suficientemente el cambio que sufre el padre de familia y es insuficiente la experiencia de una emigración traumática para tal situación, pero en realidad eso tampoco importa demasiado. La novela nos habla de la violencia familiar y la identidad, y las circunstancias de esta familia concreta son secundarias. Importan los efectos, más que las causas.

Personalmente, me he identificado completamente con Rebecca, con su vulnerabilidad, su afan de supervivencia, su entrega, su negación de si misma y su empeño en proteger a su hijo sobre todas las cosas. Su vida es difícil, trágica, la va fortaleciendo y endureciendo, haciéndola escéptica, de personalidad diferente, fascinante. Me ha gustado este personaje que nace de la violencia y su lucha y necesidad de salir de ella. Pero pese a todo su esforzado distanciamiento, la imposibilidad de establecer una lejanía real. Somos quienes somos, aunque sólo sea para nosotros mismos.

Me ha gustado el estilo de Oates, intenso, apasionado, oscuro... Me ha gustado "La hija del sepulturero"

martes, 26 de julio de 2016

COMICS DE PACO ROCA




Mi biblioteca es variopinta. No sólo está formada por literatura, narrativa o ensayo, sino que tiene muchos libros de arte y también una muy amplia sección de cómics. Toda la familia somos aficionados a ellos, como ya conté aquí. Es un género que para mí aúna dos de mis pasiones: la literatura y el dibujo, y además me hace sentirme joven. En mi adolescencia fui devoradora compulsiva de tebeos.

Hay artistas verdaderamente geniales en todo el mundo, tanto dedicados al guión como al dibujo, pero yo soy especialmente admiradora de algunos compatriotas. Hoy traigo al blog a Paco Roca uno que escribe y dibuja sus historias, y que me gusta porque me reconozco en su propio patrimonio sentimenta. Le conocí por la adaptación a la pantalla de su cómic "Arrugas" (Premio Nacional de Cómic 2008), en la que habla sobre la vejez y el Alzheimer. Es un tema al que soy especialmente sensible, pues trabajo desde hace muchos años en el ámbito de la dependencia. Paco Roca aborda el tema con gran sensibilidad y respeto y también con mucha veracidad.


En la segunda obra que leí de él, "El invierno del dibujante",  rinde homenaje a todos aquellos dibujantes de tebeos que a los de mi edad nos hicieron amar los cómics, los de la Editorial Bruguera, entre ellos Vázquez, Escobar o Ibañez. La historia que cuenta es real, sobre la aventura empresarial que iniciaron los dibujantes estrellas de la editorial, cuando en 1957, cansados de la tirania bajo la que trabajaban decidieron fundar su propia revista (Tío Vivo)



Por último, hace pocas semanas volví a sumergirme en una de sus historias con "La casa", en la que rinde homenaje a su padre recientemente fallecido. La casa del título es una segunda vivienda familiar, esa a la que aspiraba la clase media española formada casi siempre por la generación nacida en la dura posguerra. Muy entrañable relato y muy reconocible para los que ahora tenemos entre cuarenta y cincuenta años, resulta muy fácil identificarse con ese padre y esos hijos que deben asumir la tarea de liquidar la memoria familiar de la generación que acaba de desaparecer.



lunes, 18 de julio de 2016

"LA ULTIMA NOCHE EN TWISTED RIVER", John Irving






Acabé esta novela hace unos días, justo un mes después de haberla empezado. Sí, ya sé, mi ritmo de lectura es desesperadamente lento, sobre todo si lo comparo con el de hce unos años, pero las circunstancias mandan. No me siento demasiado culpable porque es un volumen de casi 700 páginas, y porque además estar un mes en compañía de sus entrañables personajes ha sido un placer. Si lo hubiese terminado antes, me hubiera tenido que despedir antes de ellos. Un drama.

John Irving es uno de los escritores americanos contemporáneos que más me gustan. Tiene una característica que es para mí muy importante: un universo propio y una gran originalidad. Le conocí en "Una mujer difícil" y me gustó que fuera sobre todo un creador de historias emocionales. La segunda lectura de una obra suya "La cuarta mano", la abordé llevada por el entusiasmo de la primera, y me resultó totalmente decepcionante, muy grotesca, tanto que me planteé no volver a leerle. Afortunadamente, decidi darle otra oportunidad con "El mundo según Garp", y esa me pareció una obra maestra, lo cual fue un alivio porque me resistía a perder a este autor. Después llegó con idéntica satisfacción "Principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra" y ahora éste. Tengo pendiente de lectura "Personas como yo"

Una cosa es segura: para disfrutar plenamente a Irving hay que aceptar sus reglas del juego. Una vez asumida esta premisa, el placer que depara es mucho, sus libros consiguen condensar nuestros sentimientos en las historias de otros.

La historia de el cocinero Dominic, su hijo Daniel y el maderero Ketchum cambia totalmente la noche del título, cuando un hecho involuntario les condiciona la exitencia en un instante y se verán obligados a huir para salvar la vida. En su peripecia vital, que abarca la histiria de los Estados Unidos durante cinco décadas, uno se entrega totalmente a los personajes, esos personajes habituales de Irving, tan plásticos, que casi se salen de las páginas del libro. Él te lleva totalmente a su terreno, haciendo que pases por alto las incongruencias y el absurdo de muchas situaciones de la historia. algo común a todos sus libros.  Los que hayas leído a Irving sabrán a qué me refiero.

Estoy muy agradecida a esta novela por el placer que me ha proporcionado. Por hacerme disfrutar y sufrir con Dominic y Danny. Por hacerme quererles. Por tantos personajes secundarios inolvidables, muchos de los cuales se merecerían por sí mismos una novela propia. 

Y por hacer  que siga  deseando volver a adentrarme en el imaginario, las obsesones y los escenarios a los que nos tiene acostumbrados esta autor irrepetible.


martes, 28 de junio de 2016

"UN AÑO YA DESPUES DE NO VERTE", Juan Luis Panero




Olor de solitario y soledad, cama deshecha,
cegados ceniceros en esta tarde de domingo,
helado soplo de noviembre en el cristal
y un vaso medio lleno de cansancio.
Te escribo por hacer algo más inútil aún
que pensar en silencio o imaginar tu voz,
o escuchar una música herida de recuerdos
o pedir al teléfono un absurdo milagro.
“Éste es el corrido del caballo blanco
que en un día domingo feliz arrancara”.
Éste es el corrido, pero nadie canta,
y un muerto con mi nombre, vestido con mis trajes,
me saluda y observa por los cuartos vacíos,
me mira en la distancia como si fuera un niño
y acaricia en sus dedos un rastro de ternura.
Sobre su frente inmóvil va cayendo tu nombre
y humedece sus labios una lluvia perdida.
Olor de soledad y humo de aniversario
mientras busco, dolorosamente trato de recordar
tus ojos insomnes con su vaho de mendigo,
devorando su luz, ahogando su locura.
Tus dos ojos como picos de presa que se clavan
y rasgan y desgarran la piel de nuestro amor.
Soplo de embriagado recuerdo, agria melancolía,
rescoldo que tu lengua aún enciende
en estas horas de strip-tease solitario
en que celebro en tu derrota todas las derrotas.
Un año después y tu pelo, tu largo pelo
ardiendo desbocado entre mis manos,
clavado para siempre en esta almohada,
recorriendo esta casa, sus rincones y puertas
como un viento insaciable que buscase su fin.
Un año después de ya no verte,
definitivamente talando en tu memoria,
qué real sigues siendo, qué difícil herirte.
La sosegada certidumbre de esta mesa en que escribo
puede tener la pasión estremecida de tu piel
y la ropa que el sillón desordena
puede ahora ocultar el temblor de tus pechos.
Sobre tu seco abierto y tus muslos de arena,
sobre tus manos ciegas que persiguen la noche,
qué triste es el cuchillo, qué aciaga la hoja.
Un muerto con mi nombre y mis uñas mordidas,
un cadáver grotesco, me dicta estas palabras,
me señala en los cuadros, en la pared manchada,
el destino de hoy, de este día cualquiera,
al borde de mi vida, al borde del invierno,
al borde de otro año que empieza con tu ausencia,
al borde de mis ojos y tu voz que ahora escucho.
Un año después de ya no verte,
mientras te escribo, odiando hasta la tinta,
en esta tarde de noviembre, olor de solitario y soledad,
helado soplo en el cristal vacío. Un muerto.

miércoles, 8 de junio de 2016

"MEMORIAS DE ADRIANO", MARGUERITE YOURCENAR




Tengo en las estanterías muchos libros sin leer, y una lista de pendientes a la que le cuesta mermar, por la continua incorporación de nuevos títulos que se me hacen interesantes o la urgencia de unos sobre otros, que van siendo pospuestos casi eternamente. Uno de estos era "Memorias de Adriano", que sin exagerar, creo que llevaba unos 20 años esperando contarme su historia. Siempre me había dado un poco de respeto, nunca había leído nada de la autora y las críticas leídas sobre él, aunque favorables, me transmitían una sensación de altura intelectual a la que quizá yo no llegara.

Son muchas lecturas ya, y muchas obras más o menos sesudas, así que como me apetecía un libro no emasiado estenso y éste no lo es, me decidí a darle su oportunidad.

Pero lamentablemente debo decir que el bueno de Adriano me ha aburrido mucho. Su filosófico e intimista monólogo no ha conseguido penetrar ni en mi interés, ni en mis emociones. Durante su lectura muchas han sido las ocasiones en las que he tenido que releer párrafos enteros porque la mente se me iba a otro sitio. Y no digo que sea culpa del emperador romano, tal vez simplemente suceda que no ha sido el momento adecuado para conocernos. El caso es que me da pena cuando una espera de tantos años no fructifica, pero tengo que reconocer que ha sido un alivio poder pasar por fin a otra lectura. ¡Qué le vamos a hacer...!

sábado, 4 de junio de 2016

SILVIO RODRIGUEZ, "CANCION A MAIAKOWSKI"

¿Acaso somos nosotros los que pediremos limosna al tiempo?
Nosotros
Cada uno de nosotros
tenemos en nuestras manos
las riendas de todos los mundos"

Vladimir Maiakowski