martes, 1 de noviembre de 2011

BREVE TRATADO DE LA PASIÓN, Alberto Manguel

"Odié a esa mujer porque no te hacía feliz, pero la habría odiado cien veces más si hubieras sido feliz con ella"
Carta de Nadejda von Meck a Chaikowski



Del príncipe Joinville a la actriz Rachel Félix
"¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cuánto?
De Rachel Félix al príncipe Joinville:
"Tu casa. Esta noche. Gratis"


Ilustración, Lápices de colores sobre papel de folio

domingo, 23 de octubre de 2011

"LAS UVAS DE LA IRA", John Steinbeck.

Durante 30 años me ha esperado pacientemente en la biblioteca, tal vez aguardando a que llegase el momento más propicio para leerlo, éste en que más pudiera sentirme identificada con la lectura, tanto desde un punto de vista personal como por las ciscunstancias sociales en las que estamos inmersos. Es curioso esto de los libros, la misma obra leída en una etapa u otra de la vida es una obra distinta porque el lector es distinto en función de su experiencia vital. Así, no podía haber elegido mejor momento para enfrentarme a esta obra maestra, escrita en 1939 y que obtuvo el premio Pulitzer. Mi ejemplar es una modesta edición de bolsillo de 1981 editada por Planeta.

Es sorprendente la absoluta vigencia de la novela, que bien pudiera haber sido escrita ayer mismo. Aborda de manera magistral el tema de la emigración y la explotación laboral de los desplazados en la época de la gran depresión americana, en este caso agricultores desahuciados de Ocklahoma que acuden en masa a la fértil tierra de California en busca de trabajo y esperanza.

El periplo de la familia Joad es un viaje épico, un sobrecogedor y paulatino descenso a los infiernos de la miseria más absoluta y su estoica lucha por conservar su humanidad. No es un libro fácil, la prosa de Steinbeck es directa, áspera y brusca, y absolutamente partidaria de sus personajes de los que destaca su gran dignidad y altura moral.

Una en su identificación con la desgraciada y valiente familia siempre está deseando que estalle esa ira que en la novela se ve fermentar, que estalle como único medio para obtener justicia, pero la justicia se demora hasta llegar a un final antológico, abierto, que me dejó el corazón desolado con la fuerza límite de su última escena.

He subrayado muchísimo en este libro, tal vez por los continuos paralelismos con la situación de crisis actual que padecemos.Dejo aquí algunos de esos fragmentos:


"...no se puede ser propietario a menos que se sea indiferente. Si un banco o una compañía financiera poseía la tierra, los apoderados decían:"El Banco-o la Compañía-necesita..., quiere...., insiste...,debe tener..., como si el Banco o la Compañía fuese un mostruo con capacidad de pensar y de sentir,que les hubiese cogido. No se hacían responsables ante el Banco o la Compañia porque ellos eran hombres y esclavos en tanto que los Bancos eran amos y máquinas al mismo tiempo"


"El hombre, a diferencia de cualquier cosa orgánica o inorgánica del universo, crece más alto que su trabajo, asciende las escalas de sus conceptos, surge de sus conquistas. Esto podéis decir del hombre...Habiendo caminado adelante, puede retroceder, pero sólo en parte, jamás del todo"


"Temed el momento en que las bombas dejen de caer mientras los que las arrojan están vivos...porque cada bomba que cae es una prueba de que el espíritu no ha muerto. Y temed el momento en que cesen las huelgas mientras los grandes propietarios vivan..., porque cada huelga fracasada es prueba de que se va avanzando. Y también podéis saber esto..., temed el momento en que el Hombre no sufra y muera por un concepto, porque esta cualidad es la base el Hombre"


"...quizá necesite doscientos hombres de modo que hablará con quinientos, y éstos se lo dirán a otros y cuando usted llegue al sitio indicado ya habrá allí mil hombres. El fulano dirá: "Pago veinte centavos la hora". Y quizá la mitad de los hombres se vaya. Pero aún habrá quinientos, de tal modo aguijoneados por el hambre que trabajarían aunque solo fuese por un pedazo de pan. Mientras más hombres pueda conseguir y más hambrientos estén, menos tendrá que pagar. Y buscará, si le es posoble, los hombres que tengan hijos."

"Y las compañías y los bancos fueron labrando su propia ruina, aunque sin darse cuenta. Los campos eran fértiles y por los caminos marchaban hombres hambrientos. Los graneros estaban llenos y los hijos de los pobres crecían raquíticos. Las grandes compañías ignoraban que es muy delgada la línea que separa al hambre y a la ira. Y el dinero que pudo haberse pagado en jornales se gastó en gases venenosos, armas, agentes y espías, en listas negras, en instrucción militar. En las carreteras los seres herrantes se arrastraban como hormigas en busca de trabajo, de pan. Y la ira comenzó a fermentar."


"Si se está en apuros, o se sufre, o se tiene necesidad..., hay que acudir a los pobres. Son los únicos capaces de ayudar..., los únicos."  

viernes, 7 de octubre de 2011

CUBA-LIBROS

 En marzo de 1997 viajé a Cuba. Una visita largamente deseada pues son muchos sentimientos los que me vinculan a esa hermosa isla caribeña. Desde niña oí hablar de mi bisabuelo materno que luchó en la guerra de independencia por supuesto desde el bando español. Aquel antepasado era maestro y llevó un diario durante la contienda. Mi padre lo conserva y los años han hecho que la tinta se haya borrado casi por completo y resulte ilegible.
Otro motivo para conocer el país fue el deseo de peregrinar a tierra santa , la patria de mi amado Silvio Rodriguez, y recorrer los escenarios que animaron las peripecias vitales que inspiraban su música incomparable.
La primera aproximación literaria a Silvio, su vida y su país fue "Silvio, memoria trovada de una revolución", de Joseba Sanz. Interesante, aunque la condición impuesta al autor de no abordar aspectos íntimos de su vida da una visión muy parcial de su biografía. 
 Ernest Hemingway es una presencia constante en La Habana, y en la cercana localidad de Cojímar, escenario de su novela "El viejo y el mar". En la foto estoy con mi amiga cubana Gloria, frente a un busto suyo en dicho pueblo, uno de los muchos que encontramos, y está presente en murales, y en fotografías junto a Fidel en diferentes establecimientos hosteleros. Me faltó visitar la casa en la que vivió y que donó al pueblo cubano.
 Sí visitamos, no obstante, el restaurante "La terraza" escenario de buena parte de la acción de la novela. Dió la casualidad felicísima de que coincidimos con el mismísimo Gregorio Fuentes, el pescador amigo de "Don Ernesto" que comía allí diariamente, pues tenía pagada una comida en la casa a perpetuidad, según nos contó el encargado. Este hombrecito enjuto y tranquilo fue la inspiración para el personaje de el viejo, en la conocida novela del americano. Gragorio rozaba el siglo de edad, y no quise molestarle para pedirle una foto, así que me limité a retratarle mientras comía. El encargado me tranquilizó asegurándome que a él no le molestaba. El viejo pescador murió en 2002 a los 104 años de edad.

 No me traje libros de Cuba, por temor al exceso de equipaje, pero meses después mi amiga Gloria me regaló a través del océano un ejemplar recopilatorio de obras del Che publicado por la Casa de las Américas.

 Catorce años después, es mi hijo el que ha repetido visita, y al contrario que yo, ha venido con un cargamento de libros, uno de los cuales ha sido para mí: "Diario del Che en Bolivia"
 He leído varios libros sobre el guerrillero argentino, tan mitificado, archifamoso y tan poco conocido en realidad en su verdadera postura ante el imperialismo y la libertad de latinoamérica. Pero el que más me ha gustado sin duda es "Viaje por Sudamérica", escrito por él mismo y su amigo Alberto Granado. Es una crónica fascinante de su primer viaje por el continente americano a lomos de su motocicleta La poderosa, un relato lleno de vigor y optimismo, de el envidiable entusiasmo  de la juventud y con la lucidez del joven médico y el  compromiso político que fraguaron la personalidad del futuro Che. De este libro se ha realizado recientemente una versión cinematográfica "Diarios de motocicleta", de Walter Sallers con Gael García Bernal en el papel de Ernesto Guevara. No he visto la película, pero el libro es una delicia.

Todo lo contrario que "Paradiso", de José Lezama Lima, obra absolutamente barroca cuyo estilo exuberante me impidió incluso enterarme del argumento. Siempre que me acuerdo de este libro, paradigma de las letras cubanas, recuerdo el dicho popular de los árboles que no dejan ver el bosque. En este caso, el estilo me impidió enterarme de la historia.  Me da pena especialmente no disfrutar una lectura cuando el libro es un hermoso objeto de cuidada edición, como en este caso, de la excelente Círculo de Lectores. Un bello libro para acariciar y ojear, pero aburridísimo de leer.




lunes, 26 de septiembre de 2011

"HOY MI DEBER ERA", Silvio Rodriguez



Hoy mi deber era cantarle a la patria
alzar la bandera, sumarme a la plaza
hoy era un momento mas bien optimista
un renacimiento, un sol de conquista
pero tú me faltas hace tantos días
que quiero y no puedo tener alegrías
pienso en tu cabello que estalla en mi almohada
y estoy que no puedo dar otra batalla.

Hoy yo que tenia que cantar a coro
me escondo del día, susurro esto solo
¿Que hago tan lejos dándole motivos
a esta jugarreta, cruel, de los sentidos?
Tu boca pequeña, dentro de mi beso
conquista, se adueña, no toca receso
tu cuerpo y mi cuerpo cantando sudores
sonidos posesos, febriles temblores.

Hoy mi deber era cantarle a la patria
alzar la bandera, sumarme a la plaza
y creo que, acaso, al fin lo he logrado
soñando tu abrazo, volando a tu lado.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

HISTORIA DE MIS LIBROS (3) "MUJERCITAS"

Una de las lecturas que más me gustaron de niña fue sin duda la tierna "Mujercitas" de Louise May Alcott. La historia de las cuatro hermanas March llenaron tardes de verano en las cuales yo prefería quedarme en casa leyendo a corretear con mis amigas por la calle. Siempre me aburrían los críos de mi edad y tuve que esperar a llegar a la edad adulta para reconciliarme con la compañía de los de mi misma generación, y aún así no con la de todos. Pero ésa es otra historia, y me desvío del tema.

El libro en el que leí la historia de estas cuatro muchachas es muy especial para mí porque fue un regalo de mi maestra de 5º curso, la señorita Carmina, que era además la directora de mi colegio.
Se convocó un concurso de conjugación de verbos que yo gané. A prácticamente todo el alumnado eso de memorizar los tiempos verbales les parecía un rollo, pero a mí siempre me han fascinado las palabras y el lenguaje y la tarea no era en absoluto árida para mí, y dominaba el tema, así que quedé ganadora. Se podía optar entre dos regalos, no recuerdo cual era el otro, pero yo elegí un libro de la biblioteca personal de mi maestra, "Mujercitas"

Si la lectura de la novela fue un deleite,no lo era menos contemplar y acariciar el bello libro, una edición de Círculo de Lectores de 1969 encuadernado en tela y muy ilustrado.


Sobre todo porque la maestra escribió una dedicatoria en la portadilla que lo hace único

Las ilustraciones del interior del libro eran en blanco y negro, pero yo tuve el atrevimiento de colorearlas con lápices de colores. Inconsciencia de los 11 años, hoy no lo haría, pero eso hace que sea un libro "tuneado" y por lo tanto completamente personal e intransferible ;-))



Creo que fue el verano siguiente cuando, pasando unos días en casa de unos amigos de la familia con dos hijas de mi edad, descubrí en la biblioteca de ellas la segunda parte "Aquellas mujercitas",que como no podía ser de otra manera, también devoré,y también en solitarias tardes de verano en las que prefería la penunbra de la casa en compañía del libro que el sol del exterior con mis amigas. Siempre he sido rara. Siempre recuerdo lo mucho que he hizo llorar sobre todo esa segunda parte, que jamás he vuelto a leer, porque curiosamente nunca me hice con ella. Es algo que tendré que remediar, no hay derecho a que Meg, Jo, Amy y Beth no estén en mi casa con su historia completa. Aunque la continuación no tenga el valor sentimental del libro en el que las conocí.

miércoles, 17 de agosto de 2011

URUEÑA, VILLA DEL LIBRO

Hacía mucho tiempo que me apetecía una visita a Urueña, la primera Villa del Libro en España, y aprovechando un fin de semana en Salamanca, y que nos pillaba de camino, por fin el domingo 14 pusimos rumbo a la villa medieval.

Es una pequeña población, de algo más de 200 habitantes, llena de historia y cultura. La Diputación de Valladolid, impulsora del proyecto, ha dado un nuevo sentido a esta aldea y fomentado la conservación y restauración de sus calles y edificios, que tal vez de otra manera estarían condenados al abandono.



Como no sabíamos exactamente cuanto nos costaría encontrar el pueblo, dado que somos foráneos y no conocíamos la zona, emprendimos el camino bastante temprano, y al final llegamos muy pronto, la villa dormía y las librerías estaban aún cerradas. No obstante, eso nos permitió recorrerlo con la fresca de la mañana y deleitarnos con su castillo, su muralla y sus callejuelas con tranquilidad.


Subimos a las almenas para ver el paisaje. De un lado, la villa...

De otro, los campos.



Las puertas de entrada a la ciudad, la iglesia...


Me sorprendió ver que aunque las librerías estaban aún cerradas había montones de libros en la calle sin ninguna vigilancia, cualquiera podía cogerlos de allí.


En una de las ventanas de la Libreria Alejandria un cartelito avisaba a los posibles interesados que en caso de adquisición el pago podía hacerse en el buzón de la casa.

Todas las fachadas de los establecimientos del pueblo estan decorados con citas o fragmentos literarios bellamente caligrafiados. Me gustó particularmente éste de Miguel Delibes dedicado a la figura del librero:


En la parte posterior de La boutique del cuento descubrimos un mural en su fachada, con escenas de los cuentos de Hans Christian Andersen y una placita con bancos desde la que contemplar las pinturas.


Y por fin, a las 11:30 abrieron las librerías, el momento que yo estaba esperando desde que llegamos. Los establecimientos, todos ellos, son absolutamente maravillosos, un paraíso para los amantes de los libros, la puesta en escena, como no podía ser de otro modo, es acorde al entorno y a los edificios que las albergan, con abundancia de piedra y madera y elementos decorativos con historia, como el propio pueblo, La primera que visité fue la Librería Almadí, con una librera muy simpática y locuaz.


La más hermosa sin duda es la Libreria Alejandria, en la que me hubiera quedado a vivir si hubiera podido. La librera, muy amable, me dio permiso para fotografiar aunque no le compré ningún libro.



Y ésta es la Librería Alcaraván, también muy bonita, que me interesó menos porque no vi que tuviera libros de segunda mano.

Me hubiera pasado el día entero recorriendo y fotografiando, pero lo cierto es que me daba vergüenza tal vez molestar. No compré demasiado, y me abochornaba pasarme mucho rato mirando para después irme de manos vacías, así que procuré ser breve, o al menos no alargarme demasiado. Ésto además porque mi familia empezaba a cansarse de mis andanzas y mis entusiasmos, y el saberlos menos interesados que yo siempre me causa reparo y me reprime. Lo que en ellos es simpatía, en mí es pasión y llega un momento es que la paciencia se les agota a pesar de la buena disposición inicial, y yo lo comprendo.

No encontré muchos libros de interés, porque ya son muchos los que tengo y los hallazgos cada vez son más difíciles. No me fui de vacío sin embargo. De la Librería Almadí se vinieron conmigo "Cartas a Milena/Carta al padre" de Franz Kafka y "¿Un mundo feliz?" de Aldous Huxley. En la Librería Alejandría descubrí varios volúmenes interesantes de Lajos Zilahy y Stefan Zweig pero ninguno que no tuviera, así que no compré, como he dicho antes.

En fin, una visita entrañable, que recomiendo a cualquiera que sienta su corazón acelerarse con la visión de cajones llenos de libros viejos, bellas ediciones y librerías con olor a madera y papel y en un entorno hecho de piedras que nos hablan de historia.

miércoles, 10 de agosto de 2011

"ÓLEO DE MUJER CON SOMBRERO", Silvio Rodriguez


Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.