lunes, 11 de noviembre de 2013

MIS HÚNGAROS DEL MEDITERRÁNEO

En mi biblioteca tengo algunos libros especialmente queridos, por diferentes motivos. Casi siempre debidos a su contenido, por su especial conexión con mi alma, pero los hay que lo son por su bella edición. Hay sin embargo libros que son especiales colectivamente, y esos son mis húngaros, los únicos además que están agrupados en torno a un criterio, en una biblioteca que no tiene orden ni concierto ni obedece a ninguna premisa que no sea la del aprovechamiento del espacio. Sólo mantienen un orden los libros de arte. Y además, los húngaros.

Soy especialmente sensible a la literatura centroeuropea del pasado siglo. Creo que mi primera toma de contacto con autores de ese territorio, fue sobre mis 14 años con dos novelas de una colección de Círculo de Lectores que agrupaba grandes novelas de amor de la literatura universal. No me impresionaron gran cosa los restantes títulos que la componían, pero sí me impactaron vivamente dos  que supusieron la avanzadilla de un afecto que años después tendría un hondo significado en mi vida.
El primero,"Carta de una desconocida", de Stefan Zweig, es de sobra conocido, fue un impacto para mí leerla a tan tierna edad, aunque siempre que la he releído, la edad adulta no ha sido obstáculo para la honda emoción que me produce. Me hizo incondicional de Zweig.

"Primavera mortal", de Lajos Zilahy, curiosamente epistolar como la anterior y curiosamente es una sóla la carta del argumento de la novela. Ésta no la he vuelto a releer, pero me reafirmó en mi gusto por esta clase de literatura tan contenida,  mesurada y con tanto fuego interno. Fue mi primera novela húngara.


Con los años, mi sección de húngaros ha crecido notablemente. La razón fue el descubrimiento a través de un foro literario que descubrí en mis primeros tiempos en internet donde me encontré con el mayor experto en literatura húngara traducida al español de este país. En un primer momento, él resultó ser la primera persona con la que me había encontrado que conocía a Hans Habe, autor húngaro de "Ilona", mi libro fetiche cuya historia ya conté aquí.


Después, llegaron de su mano otros autores del país magyar,  que me descubrieron un universo literario fascinante , por supuesto otras obras de Lajos Zilahy y Hans Habe, pero también Sandor Marai, del que tenía referencia pero aún no había leído hasta que le conocí, y sobre todo, los fantásticos descubrimientos que supusieron Magda Szabo, Dezso Kosztolányi y muy destacadamente el olvidado Ferenc Kormendi. De éste último, "La generación feliz" se convirtió en una de las lecturas de mi vida, es uno de los libros más desgarradoramente hermosos que he leído.




Y junto con los húngaros, las obras de Stefan Zweig, el primo austríaco, comparte espacio en la estantería y en el corazón. Recomendación de mi amigo, también "La piedad peligrosa". Qué grande, Zweig.



Pero en la sección de húngaros hay también algunos que suman a los méritos de su nacionalidad, la de haber llegado de cierta biblioteca a orillas del mediterráneo donde mi amigo atesora su impresionante colección. Son cuatro obras de su amado Zilahy que tengo el honor de albergar en mi biblioteca, regalo suyo que guardo como un tesoro. Uno de ellos, "El crepúsculo de cobre" en una edición de Reno sin la que él se quedó para regalármela a mí, y otro "La ciudad en vagones", es muy especial porque me acompañó en mis viajes al hospital y en las horas que pasé junto a la cama de mi madre enferma, dándome consuelo y compañía en una época muy difícil,


Libros con las huellas de su antiguo dueño, y con un gran valor sentimental para mí.







Húngaros que un día cambiaron de mar, y que de una biblioteca del Mediterráneo pasaron a una del Cantábrico. Espero que aquí sean felices y no echen de menos a su antiguo dueño.

martes, 5 de noviembre de 2013

ELLOS Y SUS BIBLIOTECAS (2)

La biblioteca de Jesús Marchamalo







Antonio Muñoz Molina


                                                                   Almudena Grandes


                                                          Arturo Pérez-Reverte



La impresionante biblioteca de Neil Gaiman. No me resisto a incluirla aquí aunque el autor no pose con ella.











                                Julio Caro Baroja en la biblioteca de Itzea, la casa familiar.


                                                   Boris Izaguirre. No es un autor al que leería, pero después de escucharle mucho en la radio hablando de libros me sorprendió muy gratamente su vasta cultura literaria. Incluyo, pues su biblioteca:


                                                       Elvira Lindo



                                                              Fernando Savater


                                                                      Maruja Torres




                                                        La biblioteca de Paul Auster





Una de las bibliotecas más bellas de las que tengo constancia, la de Alberto Manguel