jueves, 22 de abril de 2010

LA ¿INSOPORTABLE? LEVEDAD DEL SER

A veces, todos mis afanes me parecen inútiles. A veces, todas mis angustias me parecen risibles. A veces, pienso que como una vez leí en algún sitio, no hay que tomarse la vida demasiado en serio, no saldremos vivos de ella.

¿Postura derrotista, conformista, pasiva? Creo que sí, pero me ayuda pensar, saber, que algún día moriré, que me espera la oscuridad, la nada. Que todo lo que yo haga, piense, sienta, se disolverá en el infinito, la eternidad. Que tal vez mi paso por el mundo importe a mis hijos, algo de mí quede en ellos, y nada más. Que nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, como el título de la fantástica película de Agustín Díaz-Yanes y que tan sólo importa el aquí y ahora cuando todavía importamos a los que nos rodean. Acabo de recordar una frase de una novela que leí hace unos meses,"Zig-zag" de José Carlos Somoza:Nada de lo que uno sabe sirve de mucho si no sirve para los demás. Y nada de lo que uno hace, ni de lo que uno siente. Miremos alrededor y cojamos de la mano a aquellos que nos acompañan. No habrá más oportunides.

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